domingo, 26 de octubre de 2014

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Encuentro con John Banville en el Milán

John Banville, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2014, asistió el día 23 de octubre a una charla en el campus del Milán en la Universidad de Oviedo. El encuentro estuvo dirigido por los doctores Juan Tazón y Luz González Arias y por dos estudiantes de Filología Inglesa. Este autor es el primer irlandés que logra este galardón y se caracteriza por una "doble personalidad literaria": tiene un alter ego, Benjamin Black (al que se refiere como "su oscuro hermano gemelo"), autor de exitosas obras de novela negra,  protagonizadas por el solitario y alcohólico Quirke y basadas en interesantes y complejos personajes. Firma con su nombre real otro tipo de novelas muy distintas en las que intenta ser un artista y donde priman la expresión y los aspectos formales, así como la reflexión. Black, en cambio, "no tiene ninguna pretensión", es más espontáneo, utiliza un lenguaje más sencillo y directo. John Banville aclara que "son gente diferente pero a la vez la misma persona". Define a Banville como un "artista" y a Black como un "artesano".

Banville publicó su primera novela en 1970, y desde entonces lleva dieciséis publicadas como John Banville y siete como Benjamin Black (desde 2006, cuando tenía sesenta años). Fue finalista en 1989 del prestigioso premio Man Brooker Prize con El libro de las pruebas, y lo ganó en 2005 con El mar. Basa sus obras en los juegos de luz y oscuridad, en la sociedad irlandesa (el Dublín de los años 50 como Black y la Irlanda contemporánea como Banville), en la imaginación y la memoria.

Banville comenzó explicando su fascinación por el pasado, asegurando que cree que "inventamos el pasado, no recordamos lo que pasó en realidad y siempre parece más luminoso en el presente que en su momento". Además, opina que creemos que evolucionamos con el tiempo, pero en realidad nuestros miedos, costumbres, comportamientos, reacciones... son los mismos desde muy antiguo, en lo esencial seguimos siendo iguales a nuestros antepasados. También reflexionó sobre la complejidad del ser humano, sobre cómo todos tenemos múltiples "yoes", y cómo a lo largo de nuestras vidas somos distintos, nos reinventamos y descubrimos distintas facetas de nosotros mismos. "Sería muy aburrido si fuese de otra forma".

Ante la pregunta de cómo era su relación con los traductores de sus obras señaló que no era una tarea fácil, sobre todo en aquellas firmadas por Banville pues el uso del lenguaje era más complejo."Tienes que confiar en que hagan lo mejor" dijo, y bromeó diciendo que había llegado a dudar si un traductor había mejorado lo que él había escrito en un principio. Otra cuestión a la que se refirió fue el abuso de menores presente en algunas de sus obras: "fui a un colegio donde había abuso a menores, mis padres y otros lo sabían pero no hicieron nada, eran tiempos distintos". Cree que está bien mirar hacia atrás con horror y aprender de esos errores y que esa generación hizo lo que pudo, como nos ocurre a nosotros hoy en día y que hay que tener capacidad de perdón. También considera que la labor de muchos curas y monjas ha quedado ennegrecida por estos casos, por la maldad de unos pocos. Finalizó con la interesante reflexión de que, como autor, es capaz de imaginarse a sí mismo en el pasado, sin haberla vivido es capaz de verse a sí mismo en una determinada situación, y se pregunta cómo es esto posible, solo puede pensar que la imaginación es tan poderosa que le llevar a sentir y a vivir lo que nunca le ha sucedido.



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